Los tratamientos
Los tratamientos que se aplican cuando se diagnostica un cáncer en edad pediátrica, están establecidos internacionalmente y son iguales o similares en toda Europa y Estados Unidos. En función del diagnóstico, la evolución de la enfermedad y la respuesta de cada niño o adolescente en particular, se concretarán unos protocolos determinados donde se decidirá el tipo de tratamiento que se aplica, que puede comportar una combinación de terapias o una sola. Aunque se están estudiando continuamente nuevas, las más comunes hasta ahora son las siguientes:
Cirugía: es el tratamiento habitual de los tumores sólidos, aunque debe completarse con quimioterapia y/o radioterapia. En algunos casos, es prácticamente imposible por la localización del tumor. En otros casos, es necesaria la administración de quimioterapia, con el objetivo inicial de reducir el tamaño del tumor, para poder facilitar después su extirpación quirúrgica. La cirugía también será necesaria para poder efectuar otros procedimientos necesarios, como la implantación del porth-a-cath (PAC)1.
Quimioterapia: es un tratamiento que actúa sobre las células que se dividen rápidamente, como es el caso de las células cancerosas, evitando que crezcan y se dividan en más células. Sin embargo, también actúa en algunas de las células sanas, lo que produce efectos secundarios que deberán ser tratados. El tratamiento puede realizarse por vía intravenosa o por vía oral.
Radioterapia: consiste en la utilización de rayos de alta energía para destruir o reducir las células tumorales de una zona específicamente acotada. La radioterapia daña el ADN de las células cancerosas, por lo que las células dejan de dividirse o mueren. Puede ir combinada con otros tratamientos.
Trasplante de progenitores hematopoyéticos: consiste en sustituir la médula ósea que no “funciona” por una médula ósea sana. La médula ósea es un material esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos y es rico en células progenitoras de los elementos de la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas). El procedimiento consta de dos fases. En la primera se administra quimioterapia y/o radioterapia en dosis muy altas para eliminar todas las células (sanas y malignas) de la médula ósea de la persona. Una vez conseguido, se procede a infundir nuevas células sanas para que el tejido se regenere. Todo este proceso debe llevarse a cabo en unidades especializadas de hospitalización, debido al riesgo que comporta para la persona, al reducir las defensas (inmunodepresión) y quedar vulnerable ante cualquier infección.
La mayoría de los trasplantes se realizan por las leucemias, aunque existen otras enfermedades oncológicas y no oncológicas en las que también se pueden realizar trasplantes de progenitores. Aunque algunos trasplantes son de la misma persona que está enferma (auto trasplantes), la mayoría son de un donante (trasplante alogénico) el cual puede ser alguien de la familia (generalmente hermanos o hermanas, padre o madre), un donante no emparentado (de los registros de donantes de médula) o también puede ser de sangre de cordón