Las terapias complementarias como el masaje oncológico y la reflexología se han convertido en un servicio de bienestar necesario que AFANOC ofrece a niños, jóvenes y familias durante el proceso de la enfermedad. Vanesa Arellano nos explica la importancia de estas técnicas, sus beneficios y los criterios que se tienen en cuenta.
Vanesa Arellano es la coordinadora del área de Reflexología, Masaje Oncológico y Masajes en AFANOC en la Unidad de Oncología Pediátrica del Pediatric Cancer Center Barcelona del Hospital Sant Joan de Déu (UOPI) y en la Casa dels Xuklis. Ella es la encargada de coordinar al equipo de terapeutas, diseñar e implementar los protocolos de intervención adaptados a los niños/as y jóvenes, y sus familias, garantizándoles seguridad y bienestar; así como la atención directa y el trabajo interdisciplinario con profesionales sanitarios (médico, enfermería, psicología) para integrar las terapias complementarias en el proceso asistencial, entre otras tareas.
En el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, AFANOC es parte integrante del equipo de la UOPI (Unidad Oncología Pediátrica Integrativa) liderada por la Dra. Esther Martínez, siendo el único hospital del Estado que dispone de esa Unidad. Durante 2025, un total de 222 familias han podido disfrutar de estas sesiones complementarias en este hospital. En paralelo, el mismo año, en La Casa dels Xuklis se han ofrecido 234 sesiones a adultos y 44 sesiones a niños/as y jóvenes.
—¿Qué significa para AFANOC poder ofrecer este tipo de servicio?
Le aporta un valor profundamente humano y diferencial. Por un lado, mejora el bienestar de los niños/as, jóvenes y sus familias, ayudando a aliviar el dolor, la ansiedad y el estrés que acompañan al proceso oncológico. Pero sobre todo les ofrece momentos de calma, de contacto amable y de bienestar emocional.
También refuerza el acompañamiento integral que AFANOC brinda, ampliando su atención más allá del ámbito médico y cubriendo necesidades físicas y emocionales. Esto contribuye a humanizar la experiencia de la enfermedad y fortalecer el vínculo con las familias, integrando terapias complementarias seguras y respetuosas dentro del proceso asistencial.
—¿Qué particulares características tiene el masaje oncológico?
El masaje oncológico tiene características muy específicas porque está pensado para acompañar a la persona en un momento de gran vulnerabilidad física y emocional. Es suave, adaptado y no invasivo. Además, es seguro, consciente e integral. Su enfoque es totalmente individualizado. No se adapta sólo a la enfermedad, sino a la persona en ese momento concreto, poniendo siempre en el centro su seguridad, dignidad y bienestar.

Vanesa Arellano durante una sesión de masaje oncológico en el SJD Pediatric Cancer Center Barcelona.
— ¿Qué criterios sigue para adaptar los masajes y la reflexología a niños y jóvenes que están en tratamiento?
Seguimos criterios muy esmerados donde la prioridad siempre es la seguridad, el respeto y el momento vital de cada uno. Nos adaptamos al tipo de tratamiento ya sus efectos secundarios, esto determina la duración, la intensidad y las zonas a trabajar o evitar. También tenemos presente en qué momento se encuentran del proceso, no es lo mismo un inicio de tratamiento que una recaída o cuidados paliativos o final de vida. Otros aspectos que tenemos en cuenta son la edad, la escucha y el consentimiento del paciente, la adaptación física del contacto; el entorno hospitalario, integrando la sesión como un momento seguro dentro de un entorno complejo; o la dimensión emocional.
Cada intervención es única. No tratamos «un diagnóstico», sino a un niño/a o joven con una historia, unas necesidades y un momento muy concreto.
—Ahora estos servicios también se ofrecen en La Casa dels Xuklis…
Sí, la decisión de ofrecer estas técnicas también a los niños/as y jóvenes fue para atender a la demanda de las familias. No podían entender la diferencia de poder hacerlo en el hospital y no en La Casa dels Xuklis. Al final se logró que por parte de los hospitales y sus oncólogos lo vieran viable para que apliquemos los mismos criterios que se aplican en el hospital. Y establecimos un protocolo de actuación. El servicio en la Casa y en el territorio estaba enfocado a los cuidadores/as, como una forma de aliviar la sobrecarga física y emocional que viven durante el proceso oncológico de sus hijos. Sin embargo, con el tiempo se empezó a observar algo muy significativo: los propios niños y jóvenes también necesitaban espacios de calma, contacto y bienestar adaptados a ellos.
A partir de la escucha a las familias, la observación directa y la coordinación con el equipo hizo evidente que estas terapias podían ser un gran apoyo también para ellos/as. No sólo para aliviar molestias físicas, sino para ofrecerles un momento en el que dejar de ser “pacientes” y volver a ser simplemente niños o jóvenes. La detección de esa necesidad llevó a ampliar la mirada del cuidado hacia un acompañamiento más integral, inclusivo y humano.
—¿Qué beneficios físicos y emocionales observa?
Los beneficios son muy visibles y, en muchas ocasiones, inmediatos. No sólo en el cuerpo, sino también en cómo se sienten y relacionan con lo que están viviendo. Desde un punto de vista físico se observa una disminución del dolor y la tensión corporal. También ayuda a aliviar molestias asociadas al tratamiento como náuseas, fatiga o incomodidad física, y estreñimiento. En algunos casos, se notan incluso pequeños cambios como respirar mejor.
En lo emocional es donde el impacto suele ser más profundo. El masaje oncológico y la reflexología les ofrecen un espacio en el que pueden relajarse, sentirse seguros y cuidados desde un lugar amable. Disminuye la ansiedad y aparece la calma. Durante ese rato vuelven a conectar con su cuerpo desde el bienestar, no desde el dolor o la enfermedad.



