Muchos supervivientes siguen conviviendo años después con consecuencias físicas, emocionales, sociales o cognitivas. Los ‘Kamaleonix’, el grupo de jóvenes de AFANOC, ponen voz a una realidad a menudo invisible.
Superar un cáncer infantil o juvenil es un hito enorme, pero no siempre significa recuperar la normalidad de forma inmediata ni completa. Para muchos niños, adolescentes y jóvenes, el final del tratamiento abre una nueva etapa marcada por preguntas, miedos, adaptaciones y secuelas que pueden aparecer o mantenerse con el paso de los años.
Según datos del informe RETI-SEHOP 1980-2023/24, la supervivencia a cinco años del diagnóstico alcanza ya el 83,9% en España. Sin embargo, detrás de esta supervivencia hay también una realidad a afrontar: se estima que el 70% de los supervivientes convive con secuelas derivadas de la enfermedad o de los tratamientos recibidos (datos FEFCI).
Estas secuelas pueden ser físicas, emocionales, cognitivas o sociales. Fatiga crónica, dificultades de concentración, problemas de memoria, ansiedad, miedo a la recaída, alteraciones hormonales, infertilidad o dificultades en el ámbito académico y laboral son algunos ejemplos. Son retos cotidianos que pueden condicionar la forma de vivir, estudiar, trabajar o relacionarse.

Sergio Prieto , miembro de Kamaleonix , lo explica con claridad: «La fatiga me aisló, pero los encuentros mensuales en AFANOC me reconectaron. ¡Ahora camino 30 minutos diarios y me siento un camaleón!»
Su testimonio muestra hasta que punto una secuela física puede tener también consecuencias emocionales y sociales. El cansancio persistente no sólo limita la actividad del día a día, sino que puede reducir las relaciones sociales. Por eso, espacios como los ‘Kamaleonix’ son importantes: permiten compartir experiencias con otros jóvenes que han vivido situaciones similares.
También Abril González pone palabras a otra secuela a menudo poco visible: la niebla mental. «La niebla mental afectaba a los estudios; con terapia y apoyo de AFANOC, he recuperado la capacidad de concentración.»
Desde AFANOC, el acompañamiento no termina cuando finaliza el tratamiento. Se ofrece apoyo psicosocial a niños, jóvenes y sus familias, y se trabaja en coordinación con los hospitales y otros recursos para dar respuesta a las necesidades que aparecen durante y después del proceso oncológico.
El mensaje que transmiten los jóvenes de ‘Kamaleonix’ está claro: no hace falta vivirlo en silencio. Pedir ayuda, compartir la experiencia y encontrar una red de soporte puede marcar una diferencia real.



