Una comunicación más empática y respetuosa puede ser clave en la relación terapéutica con un niño o adolescente con cáncer
El diagnóstico de una enfermedad como el cáncer en un niño o adolescente genera un gran impacto en la vida del menor y de su entorno, ya que se producen cambios importantes en todas las áreas de su vida. Toda la unidad familiar se ve implicada en esta experiencia y es un momento en el que surgen nuevas necesidades.
Más allá del tratamiento médico, el acompañamiento emocional –ofrecer una atención más humana, empática y respetuosa– es también una parte esencial de este proceso.
En el caso de los pacientes oncológicos pediátricos, escucha activa, empatía verbal y no verbal, validación emocional, es decir, reconocer las emociones del niño o adolescente y darles espacio para ser expresadas; así como la adaptación del lenguaje a cada edad y momento vital, puede marcar la diferencia.

«La comunicación es la base de una relación terapéutica sólida», ha afirmado la enfermera consultora clínica, Núria Carsí, en la II Jornada de Fisioterapia Oncológica , organizada por el Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña, sobre las estrategias de comunicación efectivas con los pacientes oncológicos .
Cuando un niño o adolescente se siente escuchado y respetado, percibiendo que el equipo de profesionales que le atiende sigue un mismo objetivo, aumenta su confianza y su implicación en el tratamiento. Esto es especialmente importante en enfermedades de larga duración, como el cáncer. Carsí sugiere algunos «ingredientes comunicativos» básicos para los profesionales de la salud como son la paciencia, el respeto, la presencia, la fragilidad, saber ocupar el lugar que corresponde, saber dejar ir, escuchar y observar, entre otros.



